Todo es sobre ti, sobre la manera tan perfecta en la que te cohíbes en tu odio e inmediatamente dejas de sentir.
Son las maneras en las que haces el bien a base de muchos males,
tu miedo de lastimarme que te orilla a mentir, ese que me facilita escribir de desamor, de desdichas reales que suelen reemplazar los sueños que atraviesan mi pecho.
Se nos hace fácil asumir la historia y manejarla tal cual es que adoptar una realidad diversa, movernos a un segundo plano y vivir en la alterna.
Son pequeños momentos los que le oprimen la cuerda a mi moral sofocándola de poco en poco hasta que pierde la cordura y habla con desatino.
Hoy, ya no veo otra cosa más que una infinita sucesión de granos de arena que intento desplazar uno a uno para encontrar la luz.
Abatido en el desengaño, allí a millones de kilómetros bajo la arena esperando despertar para encontrar todo como lo hemos dejado; imperfecto.
He visto hombres morir brutalmente, los he visto humillados por todos los males posibles, pero nunca pensé estar entre los condenados perpetuos.
Nunca pensé ser asesinado por el recuerdo de una sonrisa en la imperfección del infierno.
Aquí no hay otra cosa más cercana a la caricia de Dios que la muerte.