En mi soledad
te doy de comer
pan que me quema
me congela.
En tu magnitud
cuya memoria sonrío
para conservar conmigo
en las tinieblas
desapareciéndo bruscamente
mientras me arrastras
a tu vida de humo.
No reconozco
pero la miro
fijamente subir
arriba, en el cielo
deslumbrante
como flechas de fuego
afrodisíacas y purgantes
Todavía como animal estúpido
respondo temeroso y de rodillas
en torno de tu cueva
pidiendo acariciar
tus ojos soñolientos
con el corazón magullado.
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