¿Qué tan lejos puede uno llegar cuando no sabe si quiere llegar? Los constantes cambios que recientemente sufría me habían puesto en un estado de intermitencia, a veces era y otras no. Escoger definitivamente es negarse al resto de posibilidades que uno tiene de frente, es cerrar puertas y ventanas para permanecer adentro o es abrirlas esperando salir.
Había conseguido un empleo de medio tiempo en una tienda de discos, en sí, no era un trabajo que pagara bien, pero podía escuchar música todo el día y a veces me topaba con personas que valía la pena escuchar. Aunque siendo sincero, no hay un sonido más hermoso que el del silencio. Es reconfortante no escuchar ni lo que uno mismo está pensando, ese helado suspiro en los oídos que abre un hueco en la mente y aniquila, se encuentra uno parado frente a la realidad, viéndole de abajo hacia arriba como un gigante que espera impacientemente aplastar, pero demora debido a que le gusta ver cómo temerosos nos guardamos ese instante.
En dicho empleo, me tocó conocer a una mujer llamada Sussie Vera, de buen ver, tremendo culo, blanca, estatura media, sin embargo, con una voz que borraba todo rastro de deseo dentro mío, era insoportable. A veces, soñaba con coser su boca y crear a la mujer perfecta... Exageré... Tenía dinero, era un mal necesario, era justo lo que necesitaba en ese momento. Un polvo de vez en cuando, tragos que no me costaban ni un centavo, días acostado junto a ella manoseando su cuerpo, ¿qué más podía pedir un mal nacido como yo?
La cosa iba bien, todo normal hasta que a deshoras y a escondidas comenzamos a vernos, creamos una necesidad incontrolable, teníamos un libido insaciable que poco a poco nos crearía muchos problemas. En particular, recuerdo un día en que mi debilidad por el vino casi me cuesta su compañía. Me dirijía hacia la tienda de discos a laborar, cabe mencionar que iba con una resaca tremenda generada por 2 botellas del licor más barato y una entrañable incapacidad para escribir esa noche, tenía pensado tirar todo a la mierda, quería estar en el rincón que solía usar como escondite cuando las cosas no iban como esperaba; no pude. Mi maldito perro estuvo ladrando toda la mañana, no sé por qué carajos, eso fue lo que me hizo no querer estar en el apartamento. No pensaba en nada, caminaba sin rumbo, cuando en mi camino se cruzó Sussie
-Hey- Esa horrible voz taladrando un hueco dentro de un hueco en mi mente.
-Hola- Respondí de la manera más antipática posible, no quería interactuar con ella más.
-¿Adónde tan cabizbajo?
-Me dirijo a trabajar, no me molestes.
-Vamos por un trago, no me gusta verte así.
No podía decir que no a su invitación a sabiendas que todo iba por su cuenta, simplemente debía soportar un poco sus platicas vacías y no decir nada, puesto que todo le causaba gracia y su risa no era más que un ataque cardíaco.
-Está bien-
Me llevó a un lugar al que nunca había puesto pie y me pidió una cerveza, la cual demoró de más en llegar y yo me estaba poniendo violento e impaciente hasta que por fin llegó.
-Eh, espera. Sólo pedí una, llévate esto de aquí.
Sorprendido puesto había 4 cervezas en una cubeta, pensé lo peor. Estos bastardos me quieren poner ebrio y cobrarme de más, no iba a caer en su bajo truco.
-Es un especial de 2x1, las otras cervezas son gratis.
Dijo la mesera a la cual no dejaba de verle el cuello, era muy bonito.
-¿A quién se le ocurre? Esto no va a terminar bien- Le mencioné a Sussie.
Seguimos bebiendo hasta que cayó la noche, dijo que tenía una fiesta cerca, el cumpleaños de una amiga de la alta sociedad y que necesitaba arreglarme si deseaba acompañarla. No me pareció mala la idea y enseguida nos fuimos a su casa. Estando allí, su madre, una mujer bastante bien formada y de un muy buen ver, me recibió con bastante gusto. Me preparó un poco de comida mientras me servía un vaso de vino.
-¿Qué te trae por acá? Ve en qué condición llegas, todo hambriento. No es forma de tratar así a un hombre- Le dijo a Sussie -No te deberá faltar nada, pide lo que necesites, lo que necesites- Remarcó ese final con un tono un poco coqueto y lúbrico mientras se contoneaba en la estufa.
Sussie me tomó de la mano y me dirijió a su habitación, comenzó a probarse un par de vestidos y yo acostado en la cama veía su transformación. Para la segunda muda, estaba bastante excitado, así que la tomé por la espalda y la aventé a la cama. Se me dijo que no me podía faltar nada y que podía pedir lo que necesitara, claro que necesitaba un poco de cariño después de tanto alcohol.
Se decidió por un vestido al fin y comencé a probarme ropa yo, traía pantalones, cintos, zapatos, camisetas, de verdad no sé a quién le pertenecía, me dio mala espina saber que tenía mucha ropa de hombre, igual, era algo por lo que yo no me debería preocupar, era un turista disfrutando de la ciudad. Cuando por fin encontré lo que buscaba, salimos de la habitación y su mamá nos esperaba sentada en un sofá justo fuera de la puerta como si estuviese imaginando todo lo que dentro pudiésemos estar haciendo.
-Te ves justo igual que mi esposo cuando tenía tu edad, su ropa te va justo bien.
Así que me di cuenta que el hecho de tener ropa de hombre no era sino porque era de su padre, sentí un extraño escalofrío y al mismo tiempo me sentía más macho que nunca. Seguimos bebiendo un poco para entrar más en calor hasta que por fin llegó la hora de retirarnos a la fiesta, donde seguro me esperaba más alcohol, mujeres, comida y cualquier cosa que la alta sociedad pudiese costear.
Al llegar a la casa donde se llevaba acabo la fiesta, nos recibió un guardia, pidió nuestras identificaciones y después nos permitió entrar. El lugar se veía bastante caro: Estatuas en las esquinas, jardín central, espejos enormes y cuadros de Rembrant, los cuales no dudé ni un instante que fuesen reales.
Socializé un poco esperando que se me brindara la oportunidad de ir a servirme algo de beber. No tardó mucho la anfitriona en mencionar que podíamos servir en nuestros vasos lo que quisiéramos, había una lista enorme de botellas de whisky, vodka y cerveza. Fui directamente a servirme un vaso entero de whisky, el cual acabé de inmediato y me serví otro más.
Los tragos iban y venían, todo estaba bien, nunca me imaginé estar en un lugar con personas que no sabían siquiera cambiar un foco puesto pagaban por todo eso que la clase alta no suele hacer.
-Hay un Karaoke en la parte de afuera, estoy segura que les encantará.
¿Por qué no? Vamos a cantar una canción a Sussie, estoy bastante aburrido y quiero terminar con esto de una vez.... (Continuará)
Poemas e imágenes: Existencialismo a mitad de tarde
martes, 8 de octubre de 2013
jueves, 3 de octubre de 2013
A Lise Drapees
Querida Lise:
Sé que mi silencio es imperdonable, así como sé que habrás de perdonármelo. Estuve en Boston (2 días los perdí completamente estando borracho, 28 días en casa de unos amigos... Un hotel) y cada noche quería llamarte... Decirte, inútil decirte que no consigo fuerza para escribirte un poema. No sé cuándo volverá. La abismal distancia que se me suele abrir entre el deseo y el acto no me guía, existe silencio, no me pidas explicaciones. Se ha dormido, ¡DESPIERTA! Mi herida central, supongo, está descompuesta, y tú mejor que nadie sabe que ese es el lugar de donde manan los poemas (o uno de los lugares, no tengo por qué contarte de los demás). Boston me horrorizó; el Fairmont apenas me hizo sonreír, era más frío que tu inexistente toque (-7ºC) y el licor sólo me recordaba a tu sudor aguardientoso que solías derramar en mi boca cuando te postrabas con tu figura sobre de mí. Cuando tengas tiempo y ganas te ruego explicarme cómo es posible vivir sin ti. No fui a Harvard a ver a Clara, ni a Vermont a verte a ti porque contaba los minutos que faltaban para huir, tomar tu mano y huir dentro de nosotros. Llevarte a Nueva Zelanda, nuestra patria perdida.
Muchas gracias por tu cariño por mis poemas (Leerlos a nuestro hijo es un ejemplo). En cuanto a mandarte las traducciones, de verdad no creo que deban ser leídos por tus demás amigos, menos por esos rubios asquerosos que no entienden ni un carajo lo que hay entre tú y yo. Aparte me temo que mi inglés no sea suficiente.
Se te extraña aquí, si supieras cómo se te extraña. Y muy en especial, pienso en tu segundo rostro que me convierte en ríos de nostalgia.
Hoy cometí mi primer acto heroico, fui a la playa. No me gustó y no estoy tranquilo, nada más estúpido que alentar estos deseos y no obstante son más fuertes que mi sentido erítico y mi sentido del humor.
Si tienes tiempo, dame un lugar, ahora que andas entre la metamorfosis y el descubrimiento. Te extraño.
Y si puedes, mándame una postal con un pajarito de muy vivos colores. Un abrazo
Ed
138 St James Ave
Boston, MA
Sé que mi silencio es imperdonable, así como sé que habrás de perdonármelo. Estuve en Boston (2 días los perdí completamente estando borracho, 28 días en casa de unos amigos... Un hotel) y cada noche quería llamarte... Decirte, inútil decirte que no consigo fuerza para escribirte un poema. No sé cuándo volverá. La abismal distancia que se me suele abrir entre el deseo y el acto no me guía, existe silencio, no me pidas explicaciones. Se ha dormido, ¡DESPIERTA! Mi herida central, supongo, está descompuesta, y tú mejor que nadie sabe que ese es el lugar de donde manan los poemas (o uno de los lugares, no tengo por qué contarte de los demás). Boston me horrorizó; el Fairmont apenas me hizo sonreír, era más frío que tu inexistente toque (-7ºC) y el licor sólo me recordaba a tu sudor aguardientoso que solías derramar en mi boca cuando te postrabas con tu figura sobre de mí. Cuando tengas tiempo y ganas te ruego explicarme cómo es posible vivir sin ti. No fui a Harvard a ver a Clara, ni a Vermont a verte a ti porque contaba los minutos que faltaban para huir, tomar tu mano y huir dentro de nosotros. Llevarte a Nueva Zelanda, nuestra patria perdida.
Muchas gracias por tu cariño por mis poemas (Leerlos a nuestro hijo es un ejemplo). En cuanto a mandarte las traducciones, de verdad no creo que deban ser leídos por tus demás amigos, menos por esos rubios asquerosos que no entienden ni un carajo lo que hay entre tú y yo. Aparte me temo que mi inglés no sea suficiente.
Se te extraña aquí, si supieras cómo se te extraña. Y muy en especial, pienso en tu segundo rostro que me convierte en ríos de nostalgia.
Hoy cometí mi primer acto heroico, fui a la playa. No me gustó y no estoy tranquilo, nada más estúpido que alentar estos deseos y no obstante son más fuertes que mi sentido erítico y mi sentido del humor.
Si tienes tiempo, dame un lugar, ahora que andas entre la metamorfosis y el descubrimiento. Te extraño.
Y si puedes, mándame una postal con un pajarito de muy vivos colores. Un abrazo
Ed
138 St James Ave
Boston, MA
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