Escribir me ha enseñado que uno debe sentirse cómodo en su incomodidad o ser feliz en su tristeza, de otro modo, las ideas no fluyen. Se necesita de un constante vacío y como Bukowski lo mencionó; mucha cerveza.
Para escribir siempre debe hacer falta algo y hacer de ese algo el motivo principal. Un anhelo inalcanzable que drene y agote, que robe el sueño, solamente así se puede plasmar la vida misma sobre el texto. Muchos considerarían este comportamiento como un método de tortura inefable e inhumana para la estima y la consciencia, pues someterse a semejante dolor no es bueno así como tampoco es para todos. Un escritor debe comprometerse con su agonía, abrazar su ser afligido, acariciar su cabeza y decirle -Da forma a esas lágrimas y conviértelas en las de alguien más-
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