Suele ser lo mismo todos los abriles; perdida de identidad, mal funcionamiento de las capacidades intelectuales, moral ambigua, detrimento de consciencia, depresión insondable, melancolía, decaimiento, auto-sabotaje de planes y/o el incumplimiento de metas.
Se puede llegar a pensar que la culpa es mía y por ende soy yo la solución. Sin embargo, se es un poco difícil responsabilizarse de su estado de ánimo cuando no se tiene siquiera control sobre de él y se halla perdido en la desestabilidad. Levantar el rostro se convierte en una labor titánica cuando el peso de todas las vidas a las que me rehusé, los planes y sueños se me han ido acumulando sobre la nuez.
Las muestras de afecto, palabras de aliento y demás cuestiones a las que rara vez me veo sometido ayudan a socavar la poca estima que me permanece ya titubeante.
Decir que puedo el mundo en las manos, que con mi facilidad de palabra e ingenio para resolver problemas pueden sacarme adelante es exactamente lo mismo que decirme nada, puesto, veo cómo le resuelvo la vida a ajenos y a extraños, levantando ánimos tan fácil como si levantara mis parpados al abrir los ojos, tan natural, y no poder con la mia vita o con mio stato d'animo.
De un tiempo a la fecha no me ha importado nada, literalmente. Paso mis días encerrado en el cuarto, escuchando música, a la expectativa. Derramando lágrimas sobre la maquina de escribir quien soporta mis maltratos en el intento del descubrimiento de esas palabras que engendrarán una obra maestra, alejado de mis amigos de tantos años a quienes he visto elevarse a base de esfuerzos, tan distantes, me encuentro viajando en sentido contrario por temor a las alturas.
26 años y la vida al parecer me sigue dando dosis de realidad dañina cada cierto tiempo los cuales son aceptados (tomando el ejemplo de Bukowski al introducirsele Barfly) de forma en que no me queda de otra sino quejarme y conformarme, esperando, siempre esperando, que es para lo que se nace; algo mejor.
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