Poemas e imágenes: Existencialismo a mitad de tarde

Poemas e imágenes: Existencialismo a mitad de tarde

miércoles, 17 de abril de 2013

Saudade


I

-Ed Lain, es suficiente. No lo soporto, tendré que irme.- Decía la carta.
De verdad no terminé de leerla pues sabía que era una forma cobarde en que Aura me sacaba de su vida. ¿Qué podía esperar una persona como yo? Me desperté con una resaca horrible a razón de mis constantes desvelos sobre el escritorio, lleno de hojas con pensamientos insensatos, de sentimientos inexistentes, esos que Aura no proyectaba ni me hacía sentir.

Habían pasado 11 penosos años desde que la conocí en aquella biblioteca. Lo que me enamoró fueron sus ojos. Si fuese un libro y éstos estuviesen sobre de mí, no podría sino quedarme inane suspirando a que me acabara a parpadeos. Pero no lo era, así que mi sueño de ser devorado por su insondable brillantez era una estupidez.
Me introduje como un escritor cuando en realidad no sabía siquiera si podría usar de forma
correcta una coma en una sentencia, sentí que me daría puntos, puesto ella era asidua a la lectura y al ser yo escritor se enamoraría fácilmente de mí.
La hice reír un poco con anécdotas de mis borracheras, en las cuales tuve que disfrazar mi
participación. No era algo a lo que la quisiera introducir de manera primordial. Sabía de antemano que seguro era algo que la iba a espantar.
Salimos un par de veces antes de darnos nuestro primer beso, y en realidad no era que yo no lo quisiera desde aquella tarde en la biblioteca, sin embargo, ella parecía una mujer decente, de esas que te imaginas que existen pero nunca crees encontrar.

Recuerdo a la perfección que estábamos en un bar al que normalmente iba a ver si picaba algo en el anzuelo, ya todas con varias copas encima se vuelven más accesibles. Yo no contaba con una apariencia muy agradable que digamos. Me hacían falta varios dientes y tenía un ojo más grande que el otro, por eso mismo necesitaba de ese disfraz que me brindaba el alcohol.
Sonaba una canción de Sonic Youth en las bocinas del lugar mientras Aura y yo platicábamos, de verdad no sé de qué. No podía dejar de ver sus labios rojos moviéndose de arriba para abajo.
Pensaba en amalgamarme, fundirme y morir de hambre allí. Tomé un respiro profundo y pensé en que no tenía nada que perder y todo que ganar. Me fui acercando a ella disimulando el no escucharla y en un parpadeo la besé. Sentí que fueron décadas lo que nos vimos a los ojos desconcertados al respecto, ella seguro no se lo esperaba. Cerré los ojos esperando que ella hiciera lo mismo y que así continuara la dicha de sentir su calor corporal y su saliva entrar a mí y así fue, los dos reímos inocentemente y nos separamos. Fui por más cerveza y así fue, el primer beso. Y ahora, no puedo recordar el último. Aura se había ido, o al menos eso decía su carta y comienzo a sentir que esto no será tan bueno como lo esperaba.
  


 II

Me asomé por la ventana y pude ver que era de noche, o se hacía de día. Había perdido toda noción de tiempo debido a mis constantes noches de licor intentando encontrar la palabra perfecta para el título de mi novela.
Decidí hacer algo diferente ahora que me encontraba solo, Aura no decía a dónde había ido, ni por qué se fue, sólo dijo que se iba, eso decía su carta -No lo soporto, tendré que irme- Vete, sí te necesito pero no te voy a llorar.
Fui a la licorería de la comunidad la que por cierto era atendida por una señorita de buen ver, parecía estaba ahí para costear la universidad. Decidí que si iba a hacer algo con ella, era el momento, ya más tarde cuando regresara por la segunda botella, no la encontraría.

La saludé amablemente diciéndole -Hey, ¿dónde están los hielos?- Le dije con voz aguardentosa -Al final del pasillo, junto a las bebidas energéticas- Caminé hacia ellos sin dejar de verla.
Tropecé con un estante de lentes y me probé unos, los lentes oscuros siempre esconden las intenciones de los libidinosos como yo. Tomé los hielos, los puse sobre el mostrador junto a una botella de Whisky barato y salí. No podía dejar de pensar en que mi oportunidad se había ido, tampoco podía dejar de pensar en Aura, la cual era el motivo de que yo en primera instancia haya ido tan temprano a emborracharme, querer besar a la dependiente de la licorería y ahora la causante de unas ganas de vomitar, era ella o la resaca, para mí eran lo mismo, por la mañana las tenía jodiendo mi existencia y con el transcurso del día me las iba quitando.
Me causa un dolor muy peculiar el hecho de estar pensando de tal manera de la mujer que me aceptó en su vida y que por tanto tiempo soportó mis desplantes, me sacó de cantinas, me salvó de la policía y que en dos ocasiones estuvo por darme un hijo. No lo puedo evitar, ¿cómo se atreve? Se va, así, sin más, ¿quién se cree?

Camino al apartamento me topé con Skete, un joven drogadicto y bueno para nada que en varias ocasiones me había intentado convencer de asistir a fiestas del barrio a conocer mujeres.
Muchas veces me negué debido a que yo sé cómo es el ambiente en una fiesta de jóvenes. Aunque ese día algo en mí me dijo que igual no podía ya perder nada al haber perdido lo único que me quedaba. Le dije a Skete que tenía muchas cosas en las cuales pensar y una botella que rogaba por ser consumida, sacó algo de su bolsa quiso entregármelo, empezó a temblar de forma muy extraña por lo cual la bolsa cayó al piso y supuse que era la manera en que me ignoraba, nunca pensé que se hubiera muerto ni nada, recogí la bolsa, era un polvo extraño. Seguro heroína o algo similar.



III 

Intenté llamar en muchas ocasiones a mi preciosa Aura y en ninguna me parecía contestar. Seguro cambió su número, maldita. La fui a buscar a casa de su amiga Bleu sin resultado alguno.
Como no tenía a quien más recurrir, llamé a Skete quien llamó a otro amigo, quien llamó a otro amigo. En un par de horas yo estaba fuera de mi apartamento, en un coche con un extraño camino a ningún lugar.
A cada segundo me hacía más falta la presencia de mi mujer y no quería verme en un episodio del que ella no pudiera salvarme, así que salté del coche en movimiento y comencé a correr.
Iba sin dirección fija, pero cualquier cosa era mejor que a donde me estaban llevando.
Me encontré con un barrio conocido y supe que estaba por llegar a mi lugar. Pasé por la licorería, en donde por cierto ya no estaba la joven, así como me lo supuse en un principio, tomé los hielos, la botella, pagué y caminé. De nuevo ahí estaba Skete quien me volvió a recordar de la fiesta y no hice sino seguir mi camino.

Vaso tras vaso, sentado frente a la máquina de escribir quise expresar a Aura lo que sería mi confesión, lo que nunca me escuchó decir y que siempre sentí por ella, al mismo tiempo que pensaba en Skete, en la chica de la licorería, en las mujeres que podrían estar en mi cama esa noche, en mí. Me daba vueltas y vueltas la cabeza tratando de asimilar por qué Aura me había abandonado, sé que nunca le entregué nada, pero tampoco nada le faltaba.
No me di cuenta de cuánto había escrito, de lo que sí me di cuenta es que ya no había licor y no quedaba sino la bolsa con el polvo extraño, decidí tomar un poco o lo que yo creí que era un poco y lo siguiente que hice fue tomar el valor suficiente para leer la carta.





Ed Lain:

Es suficiente. No lo soporto, tendré que irme ya que encontré en el Internet el auto que siempre había soñado a un precio único, no tenemos mucho pero confío en que poco a poco iremos saliendo del apuro. Eres un hombre maravilloso, con el que día a día me siento la mujer que siempre. Me enamoras constantemente con tu creatividad literaria y me derrito con tus poemas. El tipo que lo vende es un viejo en Vermont, así que pasaré el fin de semana fuera. Nos vemos el lunes dios mediante.
De verdad muero por ver tu rostro al ver lo que está frente a tu puerta, y no lo digo por mí, jaja. Besos.

-Aura-



 Mis ojos se inundaron de lágrimas, qué estúpido fui al no terminar de leer la carta, me imaginé lo peor, siempre fui así, tan negativo y pesimista. Me sentía un poco raro para ese entonces, seguro así se siente ser un idiota, pero, yo lo había sido toda mi vida y nunca fue similar. No podía sentir las manos y tenía la vista borrosa. Para cuando acordé empecé a sangrar de la nariz y no pude sino marcar 911 desde el teléfono. Todo se puso negro y escuchaba una voz distante que decía -Sobredosis- En ese momento supe que ya nada podía hacer sino sacar fuerza para con mi último suspiro decir -Aura, te amo-

lunes, 15 de abril de 2013

Así de fácil.

He intentado de manera desesperada borrar las huellas que he ido dejando, sin darme cuenta que no soy sino eso. La acumulación de instantes que decidieron quedarse.

miércoles, 10 de abril de 2013

Parte número dos de diez: Los últimos días de Daniel y sus por siempre 25.

Ya que toda situación representa un reto para la vida de el hombre y le presenta un problema para él que tiene que resolver, la literatura se ha vuelto parte de mí pues es la única manera en que puedo ignorar la vida que no se me dio.

Debo reconocer que en un mundo de preguntas sin respuesta la vida no puede ser cuestionada ya que sólo me puede responder si yo le respondo a ella. ¿De qué manera puedo responder? Siendo responsable; de mis actos, ideas, sentimientos, de mí en su total comprensión.

Expresado tarde y de manera profunda es mi pesar, es como un error en un poema; inane. La toma de un juicio mudo, promesas hechas de harina blanca.
Un montón de malas palabras que me llevan a una escalera bajo el mar, al que le temo, en donde me ahogo. Y sé que nunca voy a salir de mi tumba, ni que podré acabar con mi energía acumulada la cual me mantiene irreconocible, moviéndome en el suelo.

Es en días como éste donde me gustaría tener brazos que me rodeen para poderme abrazar. No sólo filtros y cenizas que no me piden más.

A veces siento que lo que hago es un arte, como lo es todo, y que lo llevo a cabo de manera correcta. Aunque duele, mucho, duele mucho porque es real y es real porque lo tengo aquí, en el pecho quemándome como oro derretido sobre la piel.

Sé que esto, aunque es nada; algo significa. Al menos yo le doy su propio significado al traerlo a mi existencia y a veces me cansa pensar en todo lo que nunca podré tener. Vidas que no podré vivir, que no me pertenecen.
No soy sino un instante de vacíos que ocupan ser llenados esperando la infinita y callada inexistencia.

martes, 9 de abril de 2013

Nadie podrá entrar a mi frío corazón.

No hay cambio

A veces, quisiera escribir diferente.
Sobre cosas que no conozco y quiero conocer.
Escribir sobre sentimientos que no me han llegado
o de personas que ya no están.
Todo siempre es lo mismo
un ciclo interminable de martirización.
El consumo de mi cultura visto desde ojos que ya no quieren ver.
Todo quema, todo duele, todo pesa.
Seguro por eso siempre escribo igual
seguro por eso no puedo cambiar.