Pensé escuchar el teléfono mas no puse demasiada atención, estaba perdido en encontrar la palabra con la cual empezar a escribir, cuando de pronto -Ring- Alguien estaba llamando, pensé lo peor, no era muy apegado a mi familia mucho menos a mis amigos quienes a esas horas y en semejante día era más normal que estuvieran junto a mí que llamándome.
Levanté la bocina y no hice sino respirar junto al teléfono, si alguien llamaba a esa hora era porque algo necesitaba o tenía una urgencia por comunicar alguna noticia así que no fui quien inició la conversación.
-Hola, ¿cómo estás?- Escuché la voz más dulce e inocente, aquella que mueve toda fibra en mi interior y me regresa a la infancia.
-¿Qué pasó?- Cabe decir que ante tal debilidad uno no se puede mostrar inmediatamente rendido, hay que mantener un temple estoico y continuar con toda tranquilidad, pues reside en toda mujer una fuerza abrazadora que consume la decencia del hombre si éste se muestra con una pizca de inseguridad y/o disciplina.
-¿No puedes ser un poquito más cariñoso? No hemos hablado en mucho tiempo y...-
-Sí, han pasado ya 3 meses y unos días- Respondí con una seguridad, pues tenía los días contados desde la última vez que la vi.
-Hola, ¿cómo estás?- Escuché la voz más dulce e inocente, aquella que mueve toda fibra en mi interior y me regresa a la infancia.
-¿Qué pasó?- Cabe decir que ante tal debilidad uno no se puede mostrar inmediatamente rendido, hay que mantener un temple estoico y continuar con toda tranquilidad, pues reside en toda mujer una fuerza abrazadora que consume la decencia del hombre si éste se muestra con una pizca de inseguridad y/o disciplina.
-¿No puedes ser un poquito más cariñoso? No hemos hablado en mucho tiempo y...-
-Sí, han pasado ya 3 meses y unos días- Respondí con una seguridad, pues tenía los días contados desde la última vez que la vi.
La conocí de la manera más extraña y así de extraña fue la forma en que me fui enamorando de ella.
Siempre me he considerado un hombre bastante solitario y sin necesidad de verme rodeado de alguien, hasta cierto punto me sorprende lo solo que puedo estar y el tiempo que puedo estarlo. En pláticas con amigos, de esas que al calor del vino ya son más sinceras y sin rumbo fijo, se me comentó acerca de una página de citas por internet, la cual tenía a las mejores chicas, del cuerpo que uno quisiera, la estatura y hasta las tallas necesarias para satisfacer cualquier deseo carnal y/o moral que se tuviese. Tomé la recomendación de una manera educada y no hice ningún comentario al respecto, bien se dice que si las palabras son más bellas que el silencio es cuando se debe abrir la boca, y en ese entonces, no lo hice.
No podía sacar de mi mente la idea de que junto a mí podía tener a la chica que deseara a cambio de simplemente introducir nombre, edad, pasatiempos y lugar de nacimiento en una base de datos que recopilaba esta información y después de unos minutos arrojaba resultados de compatibilidad.
Supuse que no tenía mucho por perder y que probablemente pudiese encontrar el amor, en el cual no creía, de forma tan sencilla.
Nombre: Ed Lain
Edad: 32
Pasatiempos: Ninguno
Lugar de Nacimiento: Doylestown, PA
-Sin resultados- Letras rojas parpadeando me cristalizaron los ojos.
-Jajá, ¿qué esperaba? Como si una mujer en esta pocilga de ciudad estuviese buscando una pareja sentimental- No podía dejar de servir licor en mi vaso mientras aún no creía que no había resultado alguno en mi búsqueda.
Supuse que no iba a llegar tan lejos si me quedaba sentado mirando el monitor de la computadora, así que decidí ir a un bar y probar suerte de manera un poco más inmediata. Recuerdo el nombre del bar, la cantidad de hombres y el hedor a cerveza caliente y colonia barata siendo sudada con el movimiento de sus ridículos pasos de baile. Tomé la mesa en un rincón y pedí que no me dejaran de traer cerveza hasta que mis $154 dólares no me dieran para más.
Lo que había empezado como una búsqueda desesperada de compartir con alguien mis peores momentos y que hiciera de ellos los mejores, pasó a ser una borrachera de inconciencia en que me tuvieron que llevar cargando hasta mi apartamento.
Vomité para después preparar el desayuno. Había leído en un libro de Bukowski que no hay nada mejor que un huevo cocido, puse a calentar agua y me senté sobre el borde de la cama para pensar. Mi meditación fue mermada por un sonido desconcertante que no parecía callar así que me volví loco buscando la fuente de semejante aberración. Mi sorpresa fue tal al darme cuenta que procedía de la computadora porque la página de citas había encontrado una pareja potencial para mí. Recobré la cordura, bajé un poco la flama de la estufa, arrastré una silla y comencé a leer el perfil de la mujer que según sería mi pareja ideal.
Nombre: Telma P.
Edad: 29
Pasatiempos: Ninguno
Lugar de Nacimiento: Parkesburg, WV
-Una mujer sin pasatiempos podría ser un peligro- Pensé de inmediato -Y, ¿qué hace viviendo tan lejos de donde me encuentro? No veo nada de ideal, estúpida computadora- Abandoné por un instante la tarea en cual me había empecinado para primero que nada, ver por mi bienestar, comer el huevo cocido y prepararme que tenía que dar un par de clases en el museo James A. Michener. Había estado viviendo los últimos 4 años de mi lectura de poesía, clases de literatura y talleres de fotografía en dicho recinto, los cuales no me daban para mucho, me daban para lo que necesitaba: Pagar el alquiler, ocasionalmente cenar fuera de casa y dos o tres botellas del mejor burbon de Tennessee. Y ahora, con el reciente descubrimiento de mi pareja potencial, admito me puse a dejarlo en sólo 1 botella a la semana.
Habrán pasado a lo mucho uno o dos días hasta que decidí contactar a Telma por medio de un correo electrónico. Y tardé tanto tiempo porque al igual que con mis escritos, estaba pensando en la palabra correcta con la cual empezarlo:
Siempre me he considerado un hombre bastante solitario y sin necesidad de verme rodeado de alguien, hasta cierto punto me sorprende lo solo que puedo estar y el tiempo que puedo estarlo. En pláticas con amigos, de esas que al calor del vino ya son más sinceras y sin rumbo fijo, se me comentó acerca de una página de citas por internet, la cual tenía a las mejores chicas, del cuerpo que uno quisiera, la estatura y hasta las tallas necesarias para satisfacer cualquier deseo carnal y/o moral que se tuviese. Tomé la recomendación de una manera educada y no hice ningún comentario al respecto, bien se dice que si las palabras son más bellas que el silencio es cuando se debe abrir la boca, y en ese entonces, no lo hice.
No podía sacar de mi mente la idea de que junto a mí podía tener a la chica que deseara a cambio de simplemente introducir nombre, edad, pasatiempos y lugar de nacimiento en una base de datos que recopilaba esta información y después de unos minutos arrojaba resultados de compatibilidad.
Supuse que no tenía mucho por perder y que probablemente pudiese encontrar el amor, en el cual no creía, de forma tan sencilla.
Nombre: Ed Lain
Edad: 32
Pasatiempos: Ninguno
Lugar de Nacimiento: Doylestown, PA
-Sin resultados- Letras rojas parpadeando me cristalizaron los ojos.
-Jajá, ¿qué esperaba? Como si una mujer en esta pocilga de ciudad estuviese buscando una pareja sentimental- No podía dejar de servir licor en mi vaso mientras aún no creía que no había resultado alguno en mi búsqueda.
Supuse que no iba a llegar tan lejos si me quedaba sentado mirando el monitor de la computadora, así que decidí ir a un bar y probar suerte de manera un poco más inmediata. Recuerdo el nombre del bar, la cantidad de hombres y el hedor a cerveza caliente y colonia barata siendo sudada con el movimiento de sus ridículos pasos de baile. Tomé la mesa en un rincón y pedí que no me dejaran de traer cerveza hasta que mis $154 dólares no me dieran para más.
Lo que había empezado como una búsqueda desesperada de compartir con alguien mis peores momentos y que hiciera de ellos los mejores, pasó a ser una borrachera de inconciencia en que me tuvieron que llevar cargando hasta mi apartamento.
Vomité para después preparar el desayuno. Había leído en un libro de Bukowski que no hay nada mejor que un huevo cocido, puse a calentar agua y me senté sobre el borde de la cama para pensar. Mi meditación fue mermada por un sonido desconcertante que no parecía callar así que me volví loco buscando la fuente de semejante aberración. Mi sorpresa fue tal al darme cuenta que procedía de la computadora porque la página de citas había encontrado una pareja potencial para mí. Recobré la cordura, bajé un poco la flama de la estufa, arrastré una silla y comencé a leer el perfil de la mujer que según sería mi pareja ideal.
Nombre: Telma P.
Edad: 29
Pasatiempos: Ninguno
Lugar de Nacimiento: Parkesburg, WV
-Una mujer sin pasatiempos podría ser un peligro- Pensé de inmediato -Y, ¿qué hace viviendo tan lejos de donde me encuentro? No veo nada de ideal, estúpida computadora- Abandoné por un instante la tarea en cual me había empecinado para primero que nada, ver por mi bienestar, comer el huevo cocido y prepararme que tenía que dar un par de clases en el museo James A. Michener. Había estado viviendo los últimos 4 años de mi lectura de poesía, clases de literatura y talleres de fotografía en dicho recinto, los cuales no me daban para mucho, me daban para lo que necesitaba: Pagar el alquiler, ocasionalmente cenar fuera de casa y dos o tres botellas del mejor burbon de Tennessee. Y ahora, con el reciente descubrimiento de mi pareja potencial, admito me puse a dejarlo en sólo 1 botella a la semana.
Habrán pasado a lo mucho uno o dos días hasta que decidí contactar a Telma por medio de un correo electrónico. Y tardé tanto tiempo porque al igual que con mis escritos, estaba pensando en la palabra correcta con la cual empezarlo:
Hola, Telma.
No soy muy participe de este tipo de servicios que se ofrecen por medio de la red, mucho menos soy una persona que esté desesperadamente buscando el amor o compartir tiempo con alguien. Un amigo me comentó al respecto y decidí intentarlo.
Platícame de ti.
Mis más sinceras disculpas
-¿¡Qué demonios estoy haciendo!?- Dije internamente mientras me tomaba el cabello con las manos. A lo hecho pecho, y no me quedaba sino esperar la réplica de Telma, esperando que mi mensaje tan cortante, misterioso y patético no la haya espantado.
A los 5 días de haber enviado el mensaje, ya ni siquiera me acordaba de él. También había perdido todo interés en siquiera sentarme en la computadora. La usaba de vez en cuando para editar mis escritos o estar en contacto con la gente del museo la cual como nunca, me había estado dando trabajo y esto me caía de lo mejor.
No soy muy participe de este tipo de servicios que se ofrecen por medio de la red, mucho menos soy una persona que esté desesperadamente buscando el amor o compartir tiempo con alguien. Un amigo me comentó al respecto y decidí intentarlo.
Platícame de ti.
Mis más sinceras disculpas
-Ed Lain-
-¿¡Qué demonios estoy haciendo!?- Dije internamente mientras me tomaba el cabello con las manos. A lo hecho pecho, y no me quedaba sino esperar la réplica de Telma, esperando que mi mensaje tan cortante, misterioso y patético no la haya espantado.
A los 5 días de haber enviado el mensaje, ya ni siquiera me acordaba de él. También había perdido todo interés en siquiera sentarme en la computadora. La usaba de vez en cuando para editar mis escritos o estar en contacto con la gente del museo la cual como nunca, me había estado dando trabajo y esto me caía de lo mejor.
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