Si estuvieras presente, con lágrimas de alegría regaría nuestro jardín de tulipanes en donde colibríes te harían la tarde después de tu día de trabajo y por las noches, para dormir, el latir de mi corazón espantaría tus pesadillas. Mis venas arderían para darte el calor que cuando tiembles necesitas y tu aliento sería mi respirar.
Remojaría tus labios con una infinidad de colores al borde de las sábanas y me aferraría al pensamiento profundo de que tu necesidad me llena.
Si estuvieras presente, esperaría en tu voz un sinónimo de muerte al escucharte decir -No amaré a otro rostro- Te rogaría confianza con distinguida dulzura y salvajismo innato. ¿Cómo me haces amarte tanto en un segundo para después, ser devorado por tu inocencia ante el terror de tu silencio?
Si estuvieras presente, esperaría en tu voz un sinónimo de muerte al escucharte decir -No amaré a otro rostro- Te rogaría confianza con distinguida dulzura y salvajismo innato. ¿Cómo me haces amarte tanto en un segundo para después, ser devorado por tu inocencia ante el terror de tu silencio?
Pero no estás presente y, con el tiempo te vuelves espacio entre los pliegues de luz de mis ya cansados ojos, los cuales se vuelven, se alejan, te extrañan, te extienden la mano.
Es tu gracia indescriptible, como tú; indescifrable. Riéndole a nada, hundida en tu inmóvil cuerpo como una mujer pintada y sonriente, con una marca de sangre entre las piernas, solitaria, con sabor amargo, trémula, que me abraza para siempre.
Es tu gracia indescriptible, como tú; indescifrable. Riéndole a nada, hundida en tu inmóvil cuerpo como una mujer pintada y sonriente, con una marca de sangre entre las piernas, solitaria, con sabor amargo, trémula, que me abraza para siempre.