Inclinándote como a mis libros en el estante para sembrar mis hojas en tu edén, convirtiendo tu llano en vino alebrestando mis delirios. Deletreas "nadir" con la boca llena mientras la nieve cae sobre la caja que esconde mis secretos, tan perdida del rebaño, soy un perro que no tiene letras.
Pule el vidrio de mi lampara sin compasión para que el sueño me sobrevenga y así recibir la muerte en mi cama despojado de moral.
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